Archive for the ‘Blogroll’ Category

200 scouts caraqueños “tomaron” el litoral central

Lunes 11 agosto 2008

Los jóvenes se dedicaron a trabajar por una comunidad que sienten tan cercana, como Caracas (Cruz Sojo/especial)

Arreglaron las escuelas Naiguatá y Guaicamacuto y un hospital de niños

NADESKA NORIEGA

ESPECIAL EL UNIVERSAL

La Guaira.- El rescate y mantenimiento de las estructuras de las escuelas bolivarianas Naiguatá y Guaicamacuto, así como de las instalaciones del Hospital de Niños Excepcionales de Catia La Mar, fueron los tres proyectos que durante este sábado desarrollaron 200 jóvenes de Caracas, integrantes de la Asociación Scout de Venezuela, en la actividad denominada la Toma Robert “De Vuelta a Vargas”, que tuvo como objetivo fortalecer la presencia de esta organización en el litoral central, así como vincular a los participantes caraqueños con el compromiso comunitario.

“La Toma Robert es una actividad anual que desarrolla la Asociación para vincular a los scouts de 17 a 21 años con el desarrollo de proyectos que ayuden al colectivo. En esta ocasión seleccionamos al litoral central con la convicción de que esto motorice el resurgimiento de patrullas scouts en la región, cuya actividad se vio disminuida desde 1999”, explica Yuraima Arguinzones, asistente de comunicaciones de la Asociación de Scout en la región metropolitana, quien fungió junto a otros 35 adultos como facilitadores y veedores de la acción.

La denominación de “Toma”, viene dada porque los scouts desarrollan diversas acciones sociales de manera simultánea.

De acuerdo a los voceros del grupo scout, este es un trabajo que requiere de seis meses previos, donde los jóvenes se reúnen con las asociaciones de vecinos o consejos comunales de los sectores a ser beneficiados. Luego de un diagnóstico previo se aprueba en una asamblea en qué zonas se necesita la intervención y hacia donde debe ir perfilada la acción.

En el caso litoralense, los consejos comunales y organizaciones comunitarias participantes optaron por la intervención de dos centros educacionales y el hospital de niños excepcionales. Los proyectos se dedicaron a mejorar espacios físicos y de mobiliario, pero en el centro educativo hubo una jornada de interacción.

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Coordinación

Miércoles 30 julio 2008

Esta tribuna que pueden ver en el video es un grupo de fanáticos de un equipo de Corea del Sur que logró hacer un trabajo realmente espectacular. Según explican en Punto Geek utilizan su misma ropa para crear los efectos. Un color en la parte delantera, otro en la parte trasera y el tercero está escondido debajo de su campera.

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Miércoles 30 julio 2008

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Miércoles 30 julio 2008

Esta tribuna que pueden ver en el video es un grupo de fanáticos de un equipo de Corea del Sur que logró hacer un trabajo realmente espectacular. Según explican en Punto Geek utilizan su misma ropa para crear los efectos. Un color en la parte delantera, otro en la parte trasera y el tercero está escondido debajo de su campera.

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El poder de lo gratuito

Sábado 26 julio 2008

FreePara aquel que anda metido con frecuencia en la lectura de blogs, sabe que ‘Free’ es el próximo libro de Chris Anderson, el autor de ‘The Long Tail’, y del que se puede leer un adelanto en Wired, donde comenta que en una economía como la de Internet, en la que los costes tienden a cero, el futuro de los negocios es el de ofrecer productos gratuitos. Pero aquí vamos a indagar un poco más en el verdadero poder de lo gratuito, y en la palabra gratis, a la hora de usarlo como herramienta de marketing. Existe un libro, de lectura muy recomendable, ‘Predictably Irrational’, de Dan Ariely, que habla de las reacciones no racionales que tomamos las personas cuando nos enfrentamos a la hora de la toma de una decisión. Un ejemplo que da, bastante interesante, es nuestra reacción ante la idea de obtener un artículo que es gratis frente a obtenerlo de igual forma por un precio irrisorio y más barato.

Lo cierto es que solemos aceptar la idea de que nos envíen la compra gratis a casa incurriendo en un gasto superior al esperado, y en cambio obviar un descuento mayor en términos económicos a la hora de realizar la compra, por no renunciar a la obtención de un artículo gratis. Pensemos en ello. Lo que en el subsconsciente supone obtener algo sin desembolso económico en realidad implica incurrir en un gasto, como el famoso, compre dos y llevese tres artículos, cuando en realidad nosotros queremos un sólo producto, no dos ni tres, pero la idea de lo gratis es lo que tiene. Dan Ariely en ‘Predictably Irrational’ pone dos buenos ejemplos.

En varios establecimientos se realizaron una serie de experimentos con dos marcas de chocolate Hershey’s kiss y Lindt en trufas a las que se les asignó un precio especial. La muestra de chocolate de Lindt se puso a 15 centavos (la mitad de su coste real) y el de Kiss a un centavo. En el primer experimento se comprobó que la gente escogía más la opción de coger la trufa de Lindt en vez del chocolate a un precio tan irrisorio. Se evolucionó en el experimento descontando un centavo al precio asignado, de tal forma que el chocolate de Lindt pasaba a costar 14 centavos y el de Kiss pasaba a ser gratis. ¿La reacción? Que el 66% de las personas elegían la opción del chocolate gratis en vez del chocolate de mayor calidad. Se repitió la prueba en un restaurante, con la posibilidad de meter en la cuenta de la comida la muestra de chocolate que se eligiera, y la gente siguió eligiendo, pese al valor de la comodidad asignado, la opción gratis de nuevo. En este caso, la gente escogía la opción sin riesgo, aquel que implicaba no tener que incurrir en un coste pese a no gustarle la alternativa escogida. Lo curioso es preguntarse si se realiza lo mismo con bienes necesarios como la fruta, donde la gente no opta por escoger lo gratuito, el tema riesgo sí tiene implicaciones para este tipo de compra.

Tampoco el mundo online es diferente. En Amazon se dio un caso típico del poder de lo gratuito. Resulta que como política de marketing Amazon lanzó la opción de envío a domicilio gratis con la compra de un número determinado de artículos o al llegar un gasto mínimo, como una forma de aumentar las ventas. En todo los Amazon las ventas se incrementaron salvo en Francia. ¿La razón? Que pese a tener la opción de envío gratuito, había que incurrir en un coste de 20 centavos para usar este servicio. La mera idea de incurrir en un gasto adicional no necesario, implicaba que el comprador francés de Amazon no aumentase su gasto en la tienda para tener la opción de envío gratuito. Amazon Francia cortó ese coste de 20 centavos y las ventas se duplicaron.

Es curioso comprobar la irracionalidad de la gente a la hora de tomar decisiones cuando la palabra gratis está implicada. No se valora el coste real de lo que nos ahorramos de verdad, los dos ejemplos son clarificadores, sino que el poder de la palabra gratis es tan potente que se puede decir que nos nubla la vista. Obviamente las empresas tienen que hacer sus cuentas, no va a ser entregar muestras gratuitas a todo el mundo, habrá que seleccionar los posibles clientes, pero es un herramienta de marketing francamente muy útil. Pensamos que nos llevamos algo sin coste y mirado el gasto con detenimiento observamos que hemos incurrido en un coste adicional que en principio no estaba dispuesto que ocurriese. Trucos del marketing.

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La falta de responsabilidad y de decisión, lo que más irrita a los jefes

Viernes 25 julio 2008

Un estudio de la escuela de negocios EOI concluye que al 85% de los directivos les molesta especialmente que su empleado no asuma responsabilidades y sólo el 10% alude al “escaqueo”.

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Define tu trabajo ideal

Miércoles 23 julio 2008

Trabajo idealLe decía el conejo a Alicia: “Si no sabes a donde vás, ¿qué importa el camino que elijas? En el caso de la búsqueda de empleo, por tanto, lo que te debes plantear es qué trabajo buscas. Ya hemos visto cómo puedes hacer un balance personal y cómo explorar nuevas posibilidades de empleo. Ahora veamos cómo definir ese trabajo ideal que queremos.

Para ello deberemos respondernos a las siguientes preguntas:

Localización geográfica: Es obvio que debes plantearte si vas a seguir en la misma ciudad o si entra en tus planes cambiar de residencia.

Sector o tipo de actividad: Dado que analizaste tus posibilidades, ahora puedes decidir si cambias de sector. Esto es muy importante especialmente si tu empresa te ha despedido por una situación de crisis. Es posible que sea el sector el que tenga problemas y eso te debe hacer buscar pastos más verdes en otras áreas.

Características de la empresa: Qué tipo de empresa te gusta, pequeña, mediana, multinacional. Dependiendo de esto, la vida que tendras denttro de ellas puede ser muy distinta. Una empresa muy grande te puede dar estabilidad pero quizá te encorsete su estructura hiperorganizada.

Caraterísiticas de la gestión de la empresa: Bastante ligado a lo anterior, debes tener claro qué tipo de jefes te gusta tener o qué tipo de jefe quieres ser. Tanto en un caso como en otro, se trata de buscar el mejor encaje para disfrutar, en lo que cabe, del trabajo.

Condiciones personales: Es decir, el tipo de contrato, la formación que se recibe, otros beneficios sociales como seguros, tickets de comida, y similares.

Responsabilidad y salario: Esto es importante porque saldrá en algún momento de la entrevista. Cuánto quieres ganar y qué funciones quieres desempeñar.

Aptitudes que aportas: Este punto es donde debes poner en claro lo que tu aportas de valor para ese puesto que deseas. Es lo que te servirá de argumento para defender tu candidatura.

Tener todas estas ideas claras te permitirá ver claro lo que buscas. Es la X de tu mapa del tesoro. Conociendo esto puedes comunicarselo a tu red de contactos para que se conviertan en oidos activos porque ahora sabrán ayudarte puesto que ven claramente lo que estás buscando.

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Campamentos: ¿por ellos o por nosotros?

Miércoles 23 julio 2008

Imposible cuidar tres meses a los niños – Es hora de aparcarles, formarles más o dejarles pasarlo bien

Todas las familias, felices o menos felices, se parecen en verano. Los horarios se repiten, las costumbres se mimetizan. La paz es efímera: los hijos tienen más del doble de semanas libres que los padres. ¿Cómo llenar ese largo paréntesis? ¿Qué inventar para estar juntos y a la vez no revueltos, o para que padres y madres trabajen sin abandonar a sus hijos al sol de la play o a la sombra del clic o del mando a distancia? La consigna es ocupar en algo a los chavales, a falta de ocuparse de ellos a tiempo completo.

“Siete de cada diez familias llevan a sus hijos a alguna actividad quincenal”

“Si la oferta de campamentos se ha disparado es porque hay demanda”

“No es negativo que el niño se aburra en verano. En ese vacío puede inventar algo”

“Es importante que el niño no tienda a pensar: ‘No saben qué hacer conmigo”

Es la época de las separaciones controladas, el carrusel de los campamentos quincenales. O la transitoria separación diurna del campamento urbano, con los nuevos madrugones para llevarlos a la ruta del combinado inglés y deportes. Ya no hay lecciones, pero los chicos siguen aprendiendo. ¿Por ellos? ¿Por los padres? ¿A quién le importa, después de todo? Sin duda se trata de una cuestión privada, pero tiene más hondura de lo que parece. Tener o no hijos en edad escolar plantea en verano nuevos abismos. Una odisea que afecta en alguna medida a más de dos millones de hogares.

-Va porque quiere ir. Ya fue al mismo campamento el año pasado y este año repite. Está cerca de Toledo y sale bastante caro. Pero es cierto que es una solución para todos, ya que su padre y yo trabajamos.

El chico tiene 12 años y, en efecto, él decide. El campamento al que se refiere esta madre madrileña ofrece deportes e inglés y su coste sobrepasa los 1.000 euros. La misma organización dispone de otro campamento en Sotogrande (Cádiz), en torno a 2.000 euros, más elitista. En una línea parecida se encuentran diversos campamentos en El Escorial. Hay padres que valoran la cercanía y eligen poblaciones próximas a la ciudad en la que viven, más aún si los niños inician ese año el ritual de la independencia familiar. Otros optan por comunidades autónomas no limítrofes o por estancias en el extranjero para potenciar un segundo idioma. “El desembolso es importante, y más si tienes más de un hijo”, añade la madre anterior.

Hace unos años las familias ahorraban para enviar a sus hijos uno o dos veranos a estudiar idiomas con vistas a su formación. Ahora se empieza antes y no hay verano en que al niño no se le apunte a un taller de cine o grabado. Se trata de invertir no ya en idiomas sino en tiempo. Tiempo para los padres, a menudo para trabajar. “Nunca fue tan cierto que trabajamos para pagarnos las vacaciones”, asegura el padre de un niño que alternará una quincena en Segovia con un taller en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid.

“Desde hace unos tres años asistimos al boom de los campamentos. La oferta se ha disparado porque hay demanda”, afirma la socióloga Myriam Fernández Nevado. “Siete de cada 10 familias llevan sus hijos a alguna actividad quincenal. Y sólo 3 de cada 10 siguen dejándolos al cuidado de la familia”, prosigue. Piensa que el boom se debe a que las vacaciones en España son de las más largas de Europa. “No es positivo que estén tanto tiempo sin alguna actividad instructiva, o de repaso. Los niños pierden ritmo. No quiero pensar que aparcan a los niños, sino que las necesidades familiares han cambiado”, opina.

La naturaleza es uno de los platos fuertes del veraneo infantil. El Open Center Nature Cañada Real (Madrid), dedicado al cuidado de rapaces y lobos, es un clásico. Por aquí, sea en fines de semana, en visitas escolares o en campamentos quincenales, pasan unos 50.000 niños al año. Los cursos de verano unen inglés y ecología. Funciona también como campamento de día. “El 40% de los chicos viene de Madrid. El resto de Barcelona, Sevilla, Las Palmas…”. Un porcentaje son hijos de empleados de IBM, empresa con la que hay un acuerdo previo.

“Vienen como un premio, no tengo la sensación de que quieran deshacerse de ellos”, opina Emilio Sánchez, director del Centro Cañada Real. “Aunque es posible que haya padres que buscan la tranquilidad de estar unos días solos. O divorciados que deben repartirse los hijos y que tienen que trabajar una parte del mes que está el chaval con ellos”, agrega Sánchez.

“Al niño le viene bien estar con otros niños, salir del mundo de los adultos. No es lo mismo pasar el verano con los abuelos en un pueblo y al aire libre que en la misma ciudad en que viven”, afirma la psicóloga Soledad Marzo. “Las separaciones favorecen el desarrollo del niño, que tiene que recordar a sus padres y asumir a la vez que ahora está en otro lugar, haciéndose cargo de sus cosas y aprendiendo a responsabilizarse”, continúa. “Se trata de aprender de otra manera, de experimentar otros modelos de autoridad distintos a los de los padres que a la vez fomentan su independencia. Tanto si duermen fuera como si vuelven a casa, los niños se enfrentan a algunos de sus miedos y aprenden a utilizar sus propias herramientas”, concluye.

La psicóloga Luisa Fernanda Yagüe comparte la idea de que los campamentos favorecen la socialización, pero “para que la separación sea positiva, tienen que existir unos vínculos familiares bien establecidos, de modo que el niño no tenga sensación de abandono. Es importante que el pequeño entienda la postura de los padres, sin que tienda a pensar: ‘No saben qué hacer conmigo”. Advierte que las expectativas de los padres pueden ser excesivas: “Se espera que los niños adquieran hábitos saludables, o más autonomía, pero depende del tipo de campamento al que vayan. La utilidad posterior de lo aprendido no puede aislarse del tipo de relaciones familiares previas. Si los padres pretenden que el chico venga sabiendo hacerse la cama, o que ya ordene su ropa, deben propiciar que en casa mantenga las buenas costumbres adquiridas. De cualquier modo, lo mejor es que aprenden a divertirse sin depender de las pantallas, sean videojuegos u otros cacharritos”.

La última novedad es el auge de los campamentos de día o summer day. Las razones son diversas. Todas confesables. Por necesidad de los padres, o por el prurito de formar a los niños en actividades culturales o deportivas, las familias sucumben a los encantos de las aulas estivales. Estos talleres en la misma ciudad son más asequibles, aunque el precio varía si la actividad acaba a las dos de la tarde o si el pequeño se queda a comer. “La oferta se ha diversificado con la entrada de fundaciones que tienen detrás entidades financieras fuertes como Fundación Caixa en Barcelona o La Casa Encendida en Madrid. Los padres pueden elegir así entre plazas públicas, concertadas, o de fundaciones privadas”, explica Fernández Nevado.

Son pequeños Ulises con gorra y mochila dispuestos a explorar las islas del deporte, la naturaleza, la música, o la pintura en medio de la ciudad. Sus padres y madres, Penélopes recluidos en sus oficinas o empresas esperan la noche o el fin de semana para enterarse de los secretos de la fauna y de la flora. Cada vez son más pequeños. Aunque muchas instituciones exigen siete años para incorporarse, en otras admiten a menores. Con cinco o seis años, tienen que espabilar. Criados entre algodones en casa, la vida actual los convierte en aventureros de la noche a la mañana.

Algunos padres y madres sufren este tiempo. Separarse de sus pequeños por primera vez les altera y los mantiene en vilo. Los menos deportistas recelan de tantas marchas y aventuras como incluyen algunos programas y temen que su prole sea sometida a retos excesivos. La mayoría de los niños vive ajena a este estado de delirio parental, pero hay algunos que no se adaptan a su hogar de verano y llaman a los padres para que los rescaten. Quizás haya que esperar un año más, o probar otro tipo de actividad. En cualquier caso, ésta es una época en que las llamadas telefónicas familiares se disparan. Algunos chicos estrenan móvil en paralelo a esta escapada de casa autorizada.

El 65% de los niños de 10 a 14 lleva móvil, según datos de Vodafone citando una encuesta de 2007. Las épocas de mayor venta de móviles para niños alcanzan un pico en Navidad, los meses de mayo (como regalo de Comunión) o en verano, al inicio de los campamentos, indica un portavoz de Orange.

-Mamá, me aburro.

-Pues cómprate un burro…

Es un diálogo de otra época. Años en los que aburrirse era un lujo, o una banalidad. Las cosas han cambiado tanto hoy que si el niño se aburre los padres se sienten culpables. Su perfeccionismo es tal que se sienten inquietos si no son capaces de amenizar la vida a sus hijos. Otros están tan ocupados que evitan tener que entretenerlos además de cuidarlos.

La pedagoga Elena Artajo, cofundadora de la Escuela Waldorf de Aravaca (Madrid) pone el dedo en la llaga. “Los padres están obsesionados por entretener a los niños, no sólo en verano sino en cualquier parte del año. Sin embargo, que el niño se aburra y más en verano, no es negativo. Al contrario, en ese espacio vacío es donde puede crear, inventarse algo, quizás un juego, o pensar en una lectura. Así que tranquilidad. No hay que darles todo hecho”, recuerda. No obstante, considera positivo que a partir de los siete años participen en campamentos que contribuyan a su desarrollo social, o al contacto con la naturaleza, “pero no en esos competitivos y superpijos”. Artajo sospecha que en ciertas familias, el campamento es más un necesidad de los padres que de los hijos. “En ciertos trabajos reducen la jornada en verano, así que algunos tienen más tiempo para los hijos. Lo que ocurre es que hay padres adictos al trabajo, quizás porque estar con los niños varias horas es más duro que estar en la oficina”.

Hay una tendencia social, además, a aprovechar las oportunidades de ocio que brindan las instituciones y dar a los hijos los extraescolares que los padres no tuvieron en su día. Algunos niños llenan así su verano con una mezcla de life & sports a la espera de que los recoja una madre trabajadora que siempre va con prisas o un padre que en julio, con la jornada intensiva, intenta colaborar. Ambos, a menudo, saludándoles con esta frase: “Venga, que tengo el coche en doble fila”.

Incluso las familias en las que alguno de los padres no trabajan apuntan a sus hijos a actividades que sólo implican armonizar horarios para recoger a los pequeños. La madrileña Estrella Natera, separada y con tres hijos, dos de ellos adolescentes, así lo reconoce: “El verano pasado el pequeño empalmaba un curso con otro: primero uno cultural en un museo y luego otro sobre aves organizado por una asociación de defensa de la naturaleza. Natera no trabaja y, aunque su salud es quebradiza, en más de una ocasión ha madrugado a las cinco para ponerse en una cola a fin de encontrar la plaza deseada. Es la estrategia que siguen los padres, generalmente las madres, que optan por campamentos subvencionados o a precios democráticos. Lo mismo ocurre con los campamentos urbanos de los colegios que abren en cada distrito. Hay que enterarse de los plazos de matrícula y estar allí el primer día como un clavo.

Esta oferta pública, aunque insuficiente, va calando. En uno de los barómetros del CIS de febrero de 2007, el 8,6% de los padres con hijos menores de 18 años reconocía que sus vástagos asistían a los campamentos de los polideportivos municipales. “Lo que no sabemos con exactitud es qué familias o capas sociales los utilizan”. “¿A quiénes benefician los cursos de carácter público o concertado? Es pronto para saberlo. En teoría deberían servir a los grupos con menos recursos, o a los hijos de padres que trabajan, pero no siempre están informados ni los demandan, con lo que la gran destinataria puede ser la clase media informada”, aventura.

Hay fundaciones y ONG que ofrecen campamentos a hijos de familias sin recursos. “Para niños en desventaja social”, lo denomina una portavoz de Balia, fundación que trabaja habitualmente con colectivos en situación precaria. Este verano han organizado sendos campamentos urbanos en Tetuán y Lavapiés para niños de tres a ocho años y uno quincenal en Cercedilla para chavales de 8 a 12 años. El objetivo es la convivencia, la integración y la adquisición de valores como el respeto a uno mismo y a los otros.

¿Aprovechan los pequeños tanta dosis entretenimiento? Depende de la temática y de las edades. “Los niños piensan”, asegura César Fernández Arias, veterano director del taller de pintura y construcciones del Círculo de Bellas Artes. Escultor de formación, lleva 13 años descubriendo el talento infantil. Aprueba la política cultural de diversificar talleres y asegura que tan natural como gatear y rebozarse en la arena es crear. “Cada uno tiene su clave interior, si llegas a él a través del juego y la encuentras, ya tienes un artista”.

El fenómeno crece

– No hay cifras globales sobre el número de niños que pasan por campamentos, pero se calcula que 7 de cada 10 familias recurren a ellos. Juan Carlos Rodríguez, investigador del gabinete de estudios Analistas Socio-Políticos, vincula la demanda de campamentos con “el gran crecimiento de la tasa de ocupación de las madres, muy notable en los dos últimos lustros”.- La mayoría de las madres de los 4.430.000 niños de 6 a 16 años que cursan enseñanza obligatoria, según datos del MEC, se halla en el tramo de edad de 35 a 50 años y su tasa de ocupación es del 65%. Como no todas las mujeres de ese tramo tienen hijos ni trabajan, se podría acotar y estimar en un 55% el porcentaje de madres activas (si tuvieran el mismo número de hijos cada una). Según esta estimación, más de la mitad de los niños de enseñanza obligatoria estarían en el punto de mira de los organizadores de campamentos.- No obstante, los chicos al final de secundaria precisan menos cuidados y no entran en estos circuitos. Pero hay niños de infantil que sí engrosan algunos talleres de verano. La tasa de ocupación de sus madres, más jóvenes, es más alta. La demanda va a más.

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Entrevista con Pablo Pineda primer titulado universitario con sindrome de Down

Domingo 13 abril 2008

Dice Pablo Pineda que la primera noticia de que era síndrome de Down lo suyo la tuvo a los seis o siete años. “Un profesor de universidad que llevaba el Proyecto Roma, don Miguel García Melero, en el despacho del director me preguntó: ‘¿Tú sabes que eres síndrome de Down?’. Yo, inocentemente, le dije que sí, aunque no tenía ni idea. Él lo notó y se puso a explicarme qué era eso, aunque no era genetista, sino pedagogo. Y yo, como a todo le saco punta y tengo esa agudeza mental, le dije: ‘Don Miguel, ¿soy tonto?’.”
–¿Por qué se lo preguntó?
–No sé. Es difícil saberlo. Quizá, si a los seis años te asocian con un síndrome, tú lo asocias a ser tonto o no. Él me dijo que no era tonto, y le pregunté: “¿Y voy a poder seguir estudiando?”. El me dijo: “Sí, por supuesto”. Luego comenzó el proceso de la calle; los niños empezaron a decirme: “Pobrecito, está malito”. Y yo me enfurruñaba, porque no estaba enfermo.
–Pero sí veía que su cara era distinta.
–Eso sí. Que tenía los ojos más alargados, que las manos no eran iguales. No había visto a otros niños con síndrome, pero quizá tenía la mosca detrás de la oreja. Quizá tenía una inquietud. ¿Y esto del síndrome, qué falla será? En casa, mis padres nunca me habían comentado nada, pero después de la primera noticia le pregunté a mi madre: “¿Es verdad que soy síndrome de Down?”. Estaba con mi hermano Pedro, el mayor, que estudiaba medicina en aquella época, y empezó a explicarme lo que era la genética, los genes; así me fui enterando. Y volví a hacerles la misma pregunta que al profesor: “¿Puedo seguir estudiando?” “Claro”, dijeron los dos, “sin problemas”. Estaba muy a gusto en el colegio, con mis compañeros. Luego, durante un tiempo, no tuve interés de saber más; hasta que empecé a estudiar la carrera de magisterio, a los 21 años, al tocar el campo de la educación especial: ahí es cuando me entero de lo que es esta discapacidad. Aunque, al describirla, los libros hablaban de que era una enfermedad y de la cultura del déficit, de todos los problemas que tienen. Muy negativo. Y cuando empecé a leerlo me dije: yo no soy así.
–¿Pensó que era un síndrome de Down un poco especial?
–Exactamente. También pensé, además de que yo era especial, que otros muchos síndromes de Down que ya conocía tampoco eran como los describían los libros. La literatura nos pone peor de lo que somos, y nos aparta. Sobre capacidad motórica, te explican todo lo que deberían tratar en capacidad mental. Lo mental siempre se vende peor que lo físico. Dicen que somos deficientes, que somos retrasados. Y que no hay ninguna solución, que es lo peor. Se quedan con las alteraciones visibles, y asocian lo mental con la locura, porque antes no se distinguía entre deficiencia mental y enfermedad mental. Y todavía se distingue mal… Así que cuando la gente ve a un paralítico mental dice: ése está loco. Deficiencia se asocia con locura.
–¿Le costaba estudiar más que a los demás?
–No. Bueno, los números y las matemáticas no me gustan nada; pero eso no es algo extraordinario, ni característico de un síndrome de Down.
–Supongo que la adolescencia debió de ser una etapa más dura que la infancia.
–He pasado por distintas épocas. Cuando empecé en primero de BUP (el bachillerato único polivalente), nadie se esperaba un síndrome de Down en un instituto, y la gente me miraba como diciendo: que hace éste aquí. Hicieron una cosa ilegal, que los profesores tuvieran que votar mi admisión en el instituto. Así que fue duro. Pero poco a poco me fui sacando ese torrente de magia o de cariño y fui conquistando a mis compañeros, porque era muy consciente de que debía hacerlo. Con los compañeros sabía que tenía que atacar charlando, metiéndome entre ellos, y eso fue lo que hice. Y reaccionaron muy bien; en primero, fue una relaciónbonita. Y a los profesores, a pesar de que habían votado, a muchos los fui conquistando, aunque a ellos fue por lo cognitivo. Les preguntaba en clase, me interesaba, y eso los descolocaba. Después, en segundo, ahí todo fue fatal. Quizá porque los niños con 14 años siguen siendo niños, pero los de 16 se hacen los duros, son crueles, y entonces comenzaron a mirarme por encima del hombro, a no hablarme. La vida era imposible.
–¿Y qué hizo?
–Al principio me sorprendí. Me desanimé y pensé en tirar la toalla. Tampoco sabía cómo contárselo a mis padres, así que me lo callé todo. Los de primero eran profesores jóvenes, pero en segundo eran mayores y no creían en mí. Decían que ese niño no podía aprender, que no sabían cómo iban a enseñarme, que no iba a aprender nunca, que las matemáticas me costaban un montón. No veían ninguna luz y empecé a deprimirme.
–¿Qué asignaturas prefería?
–La historia y las ciencias sociales me encantaban. Me leía los anuarios. Y también me gustaba el griego. El profesor era muy joven, acababa de entrar en el instituto, y me encantaba cómo me enseñaba.
–Hemos llegado a tercero. Entonces, ¿qué pasa?
–Pues que todo vuelve a estar bien. Tengo muchos amigos, hacemos viajes.
–¿Y cuándo se aceptó del todo?
–Pronto. He dado conferencias, y en una de ellas, cuando tenía 14 años, una señora me preguntó si me haría la cirugía estética para cambiar los rasgos de mi cara. Y le dije: “No, los tengo a mucha honra”. Y luego: “¿Es que no te gusta como soy?” Yo he sido muy exigente conmigo mismo.
–Uno de los problemas que tienen los Down es que la sociedad suele tratarlos como niños. Esa lucha para crecer, a veces debe hacerse contra la propia familia.
–Por ejemplo, mi físico es el mismo de hace años, no veo cambios en mí. Cuando me preguntan cuántos años tengo y digo 29, me dicen que no los aparento. Eso me molesta. Sé que es por el físico, pero no me gusta que me traten como a un niño; pero es muy difícil. Es verdad que la gente piensa que eres un niño siempre.
–Quizás a algunos discapacitados los atrapa eso. Prefieren no crecer, como muchos otros niños, y ser Peter Pan para no enfrentarse con un mundo que suponen hostil.
–A mí no me pasó. Cuando tenía 14 o 15 años era tanta mi propia autoestima que todo el lado conmiserativo no me gustaba nada. Quería salir de eso, demostrar quién era y lo que podía hacer.
–En realidad, su vida debe ser difícil, necesita ser un buen guerrero para llevarla.
–Sí que es duro, más que nada porque siempre tienes que estar demostrando que puedes. Que puedes hacer esto o lo otro, que puedes viajar. Es muy cansado, te hartas. A veces piensas que los prejuicios han disminuido, pero es que están más soterrados. En el ingreso hubo un acto de fin de curso. Todos los premios se los llevaron las chicas, menos dos que fueron para otro chico y para mí. Al final, el director dijo: “Y ahora os voy a hablar de un chico que todos conocéis, que ha hecho un gran esfuerzo, pero a quien no se le ha regalado nada. Ese chico es Pablo Pineda”. En cuanto dijo mi nombre, el salón de actos se puso en pie a aplaudir. Me quedé de piedra.
–¿De qué le sirve a usted esta atención que despierta?
–Para mí no es nada, pero para el colectivo, todo. Lo hago por el colectivo. Debo hacerlo, me siento deudor con este colectivo desde que era pequeño. Desde el programa “Hoy habla Pablo”, cuando tenía ocho años y salí por primera vez en televisión, y ya dije que a los síndrome de Down había que llevarlos al colegio con los demás niños y dejarlos jugar en los recreos.
–Es curioso que con el tiempo se haya convertido en la estrella de su familia.
–Sí lo es. Tengo dos hermanos con carreras universitarias superiores, y yo que soy el pequeño y síndrome de Down… Yo no creo en el destino y todo eso; pero, sin embargo, desde muy pequeño me di cuenta de que el hecho de estar marcado por el síndrome de Down me obligaba a algo. No ser normal te marca, la sociedad te pide algo por ello. A mí me ha pasado.
–Una señora que sabe mucho del síndrome de Down me decía que no todos los Down son iguales, y que eso explicaba que usted hubiera podido estudiar.
–Ese es el discurso de rizar el rizo. Sí, pero resulta que las diferencias no se explican genéticamente, se explican culturalmente. Ahí es donde se marca la diferencia entre un Down que puede llegar a estudiar y otro que no. Pero nos dividen entre niños mosaicos, o Down por traslocación, o puros; ésas son las tres clases de Down que existen, genéticamente hablando.
–La señora de quien le hablo me dijo que para haber llegado a la universidad tiene que ser mosaico.
–Sí, o bajorrelieve… Yo soy puro, soy normal. Dicen que los mosaicos tienen más capacidad que los otros, pero resulta que yo no soy mosaico… Así que mi caso deja bien claro que lo genético no explica la diferencia. Ya me lo han dicho más veces, que tengo que ser mosaico, y que de otro modo no se lo explican. A veces la comunidad científica y la gente es torpe, y no entiende nada que la genética no les explique.
–¿No es eso como admitir, de entrada, que casi no hay nada que hacer por ustedes?
–Claro, como si no pudiéramos ser estimulados, como si no pudieran enseñarnos. De ese modo no tienen que asumir su responsabilidad. ¿Y cómo lo explican? Pues diciendo que éste es mosaico. Otro argumento es decir que tengo un síndrome leve, o que soy límite. Pero no, soy puro.
–La primera vez que hablé con su madre, ya me di cuenta de que no era una madre corriente.
–No lo es. Nada de esto hubiera ocurrido si ella no hubiera actuado como lo hizo. Y de una madre no corriente nace un síndrome de Down que para mucha gente no es corriente.
–Pero dentro del Proyecto Roma, que es europeo, ¿cuántos han ido a la universidad como usted?
–Sólo yo. Pero igual que entre los normales hay diferencias, y no todos llegan a la universidad, lo mismo pasa con nosotros. Cada uno llega a lo que llega. Y eso me da una responsabilidad muy grande. Hace unos días, unos padres que iban a un congreso internacional del Proyecto Roma me decían: “Pablo, tú eres un pilar fundamental del proyecto”. Me lo han dicho muchas veces, que he marcado un camino.
–¿Sus padres le han empujado a que usted mismo hiciera las cosas, consultaron a los médicos cuando era pequeño?
–Cuando empezamos, más que consultar a los médicos, eran ellos los que decían a los médicos qué había que hacer. Ellos decían: este niño no podrá aprender más que las cosas más sencillas, y mis padres no les hacían caso: tu ocúpate de las amígdalas, que yo me ocupo de su educación. Nunca creyeron que no podría aprender, nunca creyeron a mi médico, y eso que era muy bueno y me quería mucho, pero su mentalidad era de aquella época. Mis padres siempre pensaron que yo debía ser autónomo y me educaron para ello. Don Miguel López Melero ha sido un acicate. Cuando era niño, me hacía pequeñas putaditas. Por ejemplo, decirme que me iba a recoger y luego no venir, dejarme solo, para ver qué hacía. Fíjate qué listo. Y yo, además de maldecir a toda su parentela y de estar muerto de hambre, pues tenía que arreglarme la vida, tomaba un autobús. Toda una aventura. Todos, mis padres, mi hermano, mi tío, se turnaban para espiarme detrás de un periódico, como detectives. Incluso si caían cuatro gotas y le pedía a mi padre que me llevara al colegio, me decía: “Ponte el impermeable y vete en autobús”. Mis padres han sido fuertes, nunca han cedido, nunca les he pillado el punto débil.
–Entonces no ha estado superprotegido.
–Pero sí tuve una figura protectora. Era mi tía Encarna. No tenía hijos y me quería mucho. Hasta hacerme mal, en el sentido de que cuando iba a su casa me untaba la mantequilla en el pan, por ejemplo. Si me quedaba solo en casa, me decía que fuera a dormir con ellos, no pensaba que podía dormir solo. Cuando murió fue un mazazo, pero también un punto de inflexión; dejé de tener a alguien que me protegiera de ese modo. Poco después de que ella muriera, mis padres tuvieron que viajar, y eso para mí fue una lección de autonomía. ¡Por fin! Porque mi tía me adoraba, pero era el elemento perturbador. Una vez fuimos de viaje con Miguel Melero, ella era muy sorda, y en el aeropuerto empezó a ponerme el azúcar en la leche. Entonces, don Miguel hizo una cosa muy bruta: le pegó un manotazo a mi tía, cosa que le sentó fatal. ¡Ja, ja, ja! El caso es que cuando ella murió disfruté de esa autonomía. Tenía que ir a comprar, manejar dinero. Fue un cambio muy grande, empecé a hacerme la cena: el huevo frito, la ensalada, el churrasco. Son cosas fáciles, pero normalmente un síndrome de Down no las hace; si tiene unos padres protectores no lo hace. Porque hay fuego, agua hirviendo, etcétera.
–Usted tiene un buen vocabulario.
–Leí muchísimo. Anuarios, revistas, periódicos. Todo.
–¿Y novelas?
–Mi madre me dice: “Tienes que leer novelas en vez de leer anuarios”. Pero los anuarios me encantan. No sé, pero tengo mucha memoria y asocio lo que pasó un día con lo que ese mismo día me pasó a mí. Las novelas no me dicen nada. Prefiero escuchar Los 40 Principales que leer una novela. Parece una tontería; es más, es una tontería decir algo así, pero ¿qué pasa?, pues que Los 40 Principales es lo que escucha la gente de mi edad, el mundo real; es la música que escuchan los jóvenes. Y las novelas no lo son. Los jóvenes no leen novelas, y a lo mejor por eso yo tampoco las leo. ¿Qué quiero yo? Pues ser un joven, reivindico ser un joven. Ése es un tema que tengo con mis padres, un debate filosófico. El año en que lo pasé mal en el instituto, aquella lucha con los chicos, eso me hizo madurar. Tenía 15 años, y los padres a esa edad tienen un gran peso; entonces me aficionaron a la música clásica, a la cultura, y yo me quedaba en la burbuja adulta de la cultura, en lo sesudo. Y cuando me quedé solo en casa, me dije: ahora tengo que sacar mi parte más joven, esto se acabó. Se acabó Beethoven. Mi madre dice que me he convertido en infantil, que he retrocedido, que antes me interesaba la cultura más que ahora. Pero no es eso… Lo que estoy haciendo es ponerme en mi sitio. Me hace falta la música moderna, los grupos. Es que estaba estudiando a Piaget con canto gregoriano. ¡Imagina estudiar a Piaget con canto gregoriano! Para morirse, vamos; para tomar los apuntes y tirarlos por la ventana. Lo cambié por Los 40 Principales, y como que me animé y hasta me entraba más fácil.
–¿Y piensa que, como hacen los adolescentes, se está enfrentando ahora a sus padres?
–Sí. Viví demasiado con los adultos. Incluso me lo decía mi profesor de apoyo: “Pablo, que te estás aislando”. Porque me quedaba en casa con los libros y la música clásica. Y ahora hay otra puerta, la use o no. Creo que esto forma parte de la lucha por la autonomía, por primera vez me atrevo a tener mis propios gustos. Cuando veo a mis sobrinos, que están ahora con el violín, con el canto, pienso: con 15 años, mira que son sosos. Con 15 años, lo que uno quiere es salir y divertirse. Pero no lo digo nunca, me lo callo, pero lo pienso. Si yo tuviera 15 años, me iban a meter a un coro a cantar el miserere… Y eso no quiere decir que no esté bien con mis padres. Pero es otra cosa. Ellos se están acostumbrando; me han dejado, creo, como un caso perdido. Antes, si quería ver Operación Triunfo, me decían: “Pablo, ¿qué haces?, eso es un comecocos”. Ahora saben perfectamente que lo voy a ver.
–Antes decía que su profesor le decía que se estaba aislando. ¿Hasta dónde llegaba su confianza con él?
–Con él hablaba de todo, de cosas que no hablaba con mi madre: de sexo, por ejemplo.
–¿A qué edad empezaron a gustarle las chicas?
–Siempre. Siempre estaba enamorado. He tenido muchos amores platónicos. Cuando veo una niña muy guapa, es que ya me estoy enamorando. Las chicas guapas me encantan. En BUP ya me interesaba estar con las chicas. Las de clase me trataban con naturalidad, una me metió en un grupo de Acción Católica. Salía con ellos, después de la misa nos esperábamos fuera. Y un día, era 1992, después de las navidades, los esperé como siempre. Diez minutos, quince, media hora, tres cuartos de hora, y allí no salía nadie. Estaba mosqueado, hasta que apareció alguien. “¿Oye, dónde está la gente?”. Contestó que se habían ido hacía tiempo. Me fui llorando a lágrima viva. Llegué a casa de mis tíos con los ojos supercolorados. “Pablo, ¿has llorado?”. Y a partir de ahí dejé el grupo. Luego estuve con los boy scouts. En aquella época siempre buscaba amigos y quería saber qué pasaba con las chicas, cuál era su mundo. Entonces desconocía el significado del concepto desengaño. Apareció otra chica, siempre las encontraba, y me encandilé. Era muy guapa, lo intenté, “qué guapa eres”, hasta que un día vi al novio, y vaya… Cuando se lo comentaba a mis padres, me decían: “Hombre, Pablo, es que tú te fijas en unas chicas muy guapas”. En aquella época era un enamoramiento espiritual, más que carnal.
–¿Y luego?
–En los scouts había otra chica, ¡Dios mío de mi vida…! Y lo mismo. Hasta que en un campamento se mascó la tensión. Estaba el novio de ella, era un compañero, y él en broma dijo: “Así que te gusta fulanita…”. Fue terrible, lloré, me fui, ella vino hacia mí: “Pablo, somos muy buenos amigos, no tenemos que dejar de ser amigos”. ¡Qué mal me sentí! Fue lo peor que podía decirme. Y así me di cuenta de que el tema de las chicas era muy difícil…, una dificultad añadida. Supe que el síndrome de Down iba a marcar mi vida, que las chicas no querían enamorarse de mí porque era síndrome de Down. Y todavía me sigo rebelando contra ese pensamiento. Pero sé que esa posible novia debería ser tan especial que pocas podrían serlo. Las chicas normales no me quieren; tienen muchos prejuicios, tienen miedo, tienen una familia. Fíjate lo que diría un padre que se diera cuenta de que su hija tenía un novio con síndrome de Down…
–Pero dice que se rebela contra ello. ¿Podría ser su próximo reto encontrar una chica apropiada?
–Pero besarse ya sería un escándalo público. Imagínate. Los mayores se escandalizarían, irían a buscar un guardia, se armaría la gorda. Me da miedo. Hace un par de años estaba solo en la playa, hablando por el móvil, y a los cinco minutos ya tenía un guardia civil al lado. “¿Te pasa algo?”. “Nada”. “Es que me ha dicho una persona que estabas perdido.” Imagínate, por estar hablando por el móvil… Si estoy besándome con una chica, no es que venga un guardia civil, vienen cinco.
–¿Le gustaría vivir solo?
–Poder, podría, pero se está muy bien en casa de los padres, las cosas como son. El otro día vi un reportaje sobre universitarios donde se decía que la mayoría vive con sus padres, porque la vida está muy cara y eso… Yo me considero uno más, tengo los mismos problemas que cualquier universitario. Además empecé a trabajar en febrero, en el área de bienestar social del Ayuntamiento. Me dedico al sector de los discapacitados, soy lo que se llama un sensibilizador. Viene gente con discapacidad a preguntarme qué puede hacer, y sus padres, a consultarme.
–Después de sacar una diplomatura en magisterio en la universidad, ahora se está licenciando en psicopedagogía.
–Es un poco más difícil, más abstracto. Sobre todo la parte de los psicólogos, como Piaget. Es como un desierto. Espero acabar este curso, y entonces será cuando oficialmente me licenciaré. Y mi destino quiere ir por ahí, aconsejando, orientando. Ahora el director del área de bienestar social me ha incluido en un proyecto de la Unión Europea que es para fomentar el empleo con apoyo, y para lo cual hay que hacer una labor sensibilizadora muy importante; yo voy a ir a las empresas con ese fin. Quieren crean una red de empresas solidarias donde puedan trabajar los discapacitados. En este trabajo estoy con un equipo eminentemente femenino, con Inés, María, Lola, y otros dos chicos, Dani y Andrés. Es un apoyo psicopedagógico, y estoy contento, hace que me sienta útil.
–Leía el otro día en un libro que ser Down, como sucede con otras cosas, lo coloca a uno en una categoría que pesa mucho más que las potencialidades que se tengan, los talentos que pueda tener.
–Te etiquetan y de ahí no sales. Toda la vida voy a llevarlo encima. Así como a David Bisbal le llaman el triunfito, a mí me llaman el síndrome de Down. Hay consuelos, como que el director del área de bienestar social les dijera a mis compañeros: “Explotar a Pablo, que tiene mucha capacidad”. Es decir, yo veo que en el trabajo me consideran útil, y eso me gusta. Pero lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer, que lo vean a través de lo que yo hago. Claro que esto sólo se puede entender si a uno le importan los demás, si eres progresista.
–¿Usted lo es?
–Lo soy. Por eso critico ese discurso conservador que hay ahora, en lo educativo, lo social, lo político. Por eso me pongo en contra de la ley de calidad educativa, porque es conservadora y significa una involución en el plano de la educación de los discapacitados. ¿Cómo se llama de calidad una ley que consiste en hacer más exámenes y reválidas en una sociedad en la que hay que potenciar los valores sociales? Es una ley retrógrada con respecto a todo lo que se ha hecho en la anterior época en medios de atención. Yo no puedo estar a favor, el discurso de ahora es meternos en guetos. Como tampoco puedo estar a favor de la guerra. Es que no puedo. Ni con los políticos que están ahora en el poder. Y además, el discurso respecto a los discapacitados es global, afecta lo mismo a los Down que a los negros, a los árabes; a todos los diferentes. El respeto a los derechos humanos, el de ser todos iguales, es lo que tiene que estar por encima de todo. Por encima del dinero, del poder, de la competitividad. Y en eso se está retrocediendo. Con los líderes tan conservadores que tenemos en el plano mundial, Berlusconi, Sharon, Bush…, ¿adónde vamos a ir? Nos ha tocado vivir un momento muy duro a los progresistas.

 De El País, de Madrid

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Líderes desarrollando líderes

Martes 1 abril 2008

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Un interesante artículo sobre el labor que un líder nunca debe delegar, que es el del desarrollo de nuevos líderes.

Este trabajo empieza en la entrevista de los candidatos y continúa a lo largo de la carrera del candidato hacia posiciones de liderazgo en la empresa.

Para esto, nos da unas características que estos candidatos hacia posiciones de liderazgo deben tener que son fundamentales para su éxito. Son puntos generales pero dan buenas pistas, para los jefes que están analizando posibles candidatos y para posibles candidatos a posiciones de liderazgo que quieren saber lo que necesitan para avanzar e ese camino..

Los cuatro puntos fuertes que destaca son los siguientes:

Vía | Portfolio (en inglés)

En El Blog Salmón | Las mejores empresas desarrollando líderes y Los mejores directivos de España

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